Cuando sea grande me gustaría
ser escritora, pero nunca se sabe si podré alcanzar la fama necesaria como para
vivir de ello, tampoco sé si podría escribir bellas palabras para que miles de
personas leyeran aquello que, estoy segura, me tomará tanto tiempo y esfuerzo…
¿Alguien leería mi historia? No lo creo. Y es por eso que ya se a que
universidad ir y que carrera seguir. Tan solo queda un año y me despediré de
aquellas evaluaciones de medio pelo que nos toman, chau a esos profesores que
tanto odio de aquellas materias que detesto, pero que en el fondo, de alguna
manera sirven… supongo.
A veces me pregunto si no
tendré muchas expectativas respecto a la universidad. He escuchado varias veces a alumnos, de anda saber qué
carrera, hablando sobre lo complicado que fue el parcial, que el profesor
explica todo mal, que Fulanita le dijo a Mengana que la carrera se extiende,
que es mentira esto, que es verdad aquello… ¿Yo seré igual que ellos cuando
ingrese a aquel mundo donde bestias sanguinarias devoran tus sesos hasta que no
puedas seguir conservando la cordura, y así poder gobernar el mundo?
Cierro el libro y lo dejo
sobre mi falda, es complicado de explicar cómo mis pensamientos logran
mezclarse en la historia que estoy leyendo, y luego termino leyendo algo sin
sentido. ¿En las universidades hay
bestias que devoran sesos? No lo creo.
Cierro los ojos y trato
de ordenar mis pensamientos, esto me ha estado ocurriendo hace algunas semanas,
nunca antes me había pasado, es más, suelo tener una alta concentración a lo
que se refiere a literatura, pero creo que mis pensamientos están algo alborotados.
Dejo el libro en la
estantería junto a los otros, los miro, los admiro y apago la luz. Me tapo con
la pesada colcha y me despido del amor que Joseri tiene hacia Darius. Un amor
aunque verdadero, nunca podrá concretarse, ellos quizá no lo sepan, pero yo,
como buena lectora debo predecirlo y así lo hago. La muerte está muy cerca, más
de lo que ellos mismo creen, y junto con el placer que le ocasiona al escritor
asesinar personajes tan amados, su futuro, yo lo sé, no está garantizado.
Y quizá el nuestro
tampoco lo esté.
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No suelo arreglarme
demasiado para ir al instituto. Es más, ni me maquillo como todas aquellas
barbies que se ven desfilar por los pasillos…Mis compañeros deberían agradecer
que me peino, y eso no es algo demasiado sencillo ya que mi pelo es el tipo de
cabello que podríamos decir que es…alborotado. Envidio a esas chicas con pelo
largo y lacio, pero también sé que costaría tiempo mantenerlo, y no tengo
tiempo para ese tipo de cosas.
Bajo las escaleras con un
zapato puesto y el otro en la mano, algo típico en mi ya que siempre me levanto
tarde “por culpa de aquellos libros desgraciados” como dice mi madre, que, como
es común, no se encuentra en casa esta mañana. Ella solía estar siempre conmigo
hasta que mi padre se cansó de que ella lo usara y tuvo que comenzar a
trabajar, algo que, por cierto, no es de su agrado ya que ella cree que esta en
otro “nivel social”. No hace falta mencionar que tuvo ese “nivel social”
gracias al esfuerzo de mi padre que cansado de que mi madre estuviese todo el día
en la calle, vaya uno a saber en qué, decidiera separarse.
Recuerdo que antes de
irse me pidió disculpas por todo aquello que sucedió y que sucedería. En aquel
momento no llegué a comprender a que se refería, y hasta el día de hoy sigo sin
hacerlo. Recuerdo su rostro, aquel
rostro reflejaba culpabilidad y tristeza. No creo que haya sido tristeza por no
volver a verme, lo podría haber hecho, pero no fue el caso. Y no es que diga
que mi madre sea una perfecta madre, pero tampoco es la peor.
Debo admitir que toda
esta situación me hubiese consternado un poco si no fuera porque me paso la
mayor parte del día leyendo.
Vuelvo al presente cuando
escucho el sonido del microondas que me avisa que mi chocolatada ya está
caliente, la bebo apresuradamente, saludo a Wiskas, mi adorable y hermoso gato
y salgo hacia la fría ciudad.
La ciudad en la que vivo
no es ni grande ni chica, es una ciudad… estándar, y para mí, una ciudad
estándar es perfecta. A pesar de ser así, me costó mucho no perderme y,
todavía, lo sigo haciendo. Al menos el camino al instituto lo recuerdo.
Podría tomarme un colectivo
que me deja en la esquina, pero prefiero ir caminando e ir recordando lo que
leí la noche anterior. Generalmente suelo hacer sola este trayecto ya que, como
dije, hay un colectivo que nos deja cerca.
Generalmente, si, porque
hoy alguien camina junto a mí. No sé hacia donde se dirige ni quién es. Y mucho
menos como va vestido. Solo sé que va detrás de mí, en silencio, pero sus pasos
lo delatan.
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